Sobre mí

Una vocación que nace en el tablero
y se consagra en la obra.

Mi historia con la arquitectura comenzó en una antigua «casa chorizo» en Devoto. A los siete años, un cuarto en la terraza era mi laboratorio de mundos imaginarios donde, entre rastis, rompecabezas y una máquina de escribir, ya construía mi destino. Mientras mi padre se asombraba del desorden de mis juegos, mi madre lanzaba una profecía que marcaría mi vida: «Dejala, ¿qué sabés si el día de mañana no es arquitecta?». Aquella niña, influenciada por la pasión por las plantas de su abuela alemana y los concursos de dibujo de paisajes de su tía Clarita, sentó las bases de lo que hoy es una trayectoria de más de 30 años de excelencia profesional.

El rigor técnico y la exigencia extrema de la UBA me dio la seguridad para proyectar hoy que no existe un desafío que no pueda resolver. Esta base se potenció con mi especialización en la Universidad Torcuato Di Tella, donde consolidé mi gran diferencial: la integración total entre la obra arquitectónica y su paisaje. Para mí, el diseño no es una estructura aislada, sino un diálogo constante en armonía con su entorno natural.

 Mi carrera ha sido un puente entre la gestión pública y la actividad privada. En el ámbito estatal, me convertí en referente de restauración en sitios emblemáticos como la Casa de Gobierno y la Comisión Nacional de Monumentos Históricos, donde aprendí el respeto por la «nobleza constructiva» y el patrimonio. Más recientemente, en el área de Hábitat, volqué mi sensibilidad social integrando infraestructura verde en asentamientos poblacionales, reafirmando que la arquitectura es, ante todo, un acto de servicio y dignidad.

En mi práctica privada, me alejo de los procesos automatizados mediante el «ritual del tablero». Sigo dibujando planos manuales que mis clientes valoran por ser más «blandos» y cercanos, y continúo diseñando en la obra misma, ajustando detalles en la dimensión real 3D junto a los trabajadores. Mi proceso nace de una escucha profunda para decodificar los miedos y deseos de cada cliente, traduciéndolos en hogares de grandes dimensiones y luminosos donde las cocinas son el corazón y los espacios invitan a la calma y contemplación.

Hoy, mi propósito es consolidar un legado de perdurabilidad, priorizando la calidad y la simplicidad sobre las tendencias efímeras. Busco elecciones que gusten «en profundidad y para siempre», diseñando una arquitectura noble que envejezca con dignidad. Mi mayor deseo es que, en el futuro, mis nietos caminen frente a una de mis construcciones y, al ver mi firma grabada en la piedra o el cemento, reconozcan la huella de una profesional que dedicó su vida a hacer que la gente sea, simplemente, un poco más feliz.

Valores

Sensibilidad Creativa
Capacidad de diseñar con una «mirada única» que interpreta detalles que otros pasan por alto.
Un estilo de trabajo definido por la pasión y la presencia continua en la obra para resolver perfectamente sobre la marcha.

No solo en lo ético, sino en la capacidad de sostener el presupuesto económico en el tiempo, un valor crítico para el cliente.

El compromiso de entregar una obra de mínimo mantenimiento y que tras 25 años o más no presente fallas técnicas y perdure en el tiempo.

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